Qué se hizo bien y qué se hizo mal sobre la pandemia, según expertos y funcionarios

A seis meses del primer caso de Covid-19 que se registró en el país y pasaron 170 días con diferentes medidas de aislamiento o distanciamiento social en la Argentina, el techo de nuevos contagios aún no se alcanzó y ya superó los 12.000 diarios. Igual camino parece seguir el recuento de personas fallecidas (casi 10.000), que ubican al país en el puesto 16 del mundo, tras superar a Alemania, entre las naciones con más muertes por el virus. Los números tampoco son favorables respecto del total de infectados que se acercan a los 500.000 y sitúan a la Argentina dentro de los 10 paises con más contagios.

Funcionarios sanitarios de primera línea, médicos que asesoraron al Gobierno y exautoridades de salud nacional trazaron un balance de la situación epidemiológica. Si bien muchos coincidieron en que el gran logro fue el establecimiento de una cuarentena precoz que permitió robustecer el sistema sanitario, consideraron que la mayor falla fue la demora en tomar medidas, como los rastreos de casos, el cierre de las fronteras, la identificación de los asintomáticos como grandes propagadores del virus y el uso obligatorio de los barbijos.

Casi todos admitieron que «apretar el botón rojo», como sugirió Alberto Fernández en los últimos días, no sería una medida efectiva si se aplica de igual modo en todo el país, sin tener en cuenta la situación epidemiológica en cada región.

El inaplicable «botón rojo»

Ante el diagnóstico oficial de que que la situación sanitaria en algunas provincias «está cerca del colapso», el presidente Alberto Fernández repetió la advertencia de que no dudará en accionar «el botón rojo» para regresar a un aislamiento más restrictivo.

«No están dadas las condiciones para hacerlo. No me parece lo correcto y no tiene sentido una cuarentena en todo el país. Hay que trabajar por jurisdicciones donde haya brotes muy importantes y el sistema de salud esté muy tenso», indica López.

«No sería correcto aplicar cuarentena para todos. Hay que considerar los contextos epidemiológicos de cada región», coincide Rubinstein. Y cuestionó: «Por otro lado, no hay margen para apretar el botón rojo. Creo que lo sabe el Presidente. Es más, creo que es riesgoso decir que va a apretar ese botón y después nadie lo cumple. Es lo que ya pasó en la cuarentena estricta del 1° al 17 de julio. No hubo ninguna reducción significativa de la movilidad».

Gentile también criticó la estrategia: «Las medidas globales ya no tienen sentido. Más cuando estamos viendo que las situaciones epidemiológicas son todas distintas. Sale de la racionalidad tomar una medida homogénea. Deben ser focalizadas y en función de la realidad de cada lugar».

Aciertos

Fernán Quirós, ministro de Salud porteño, considera que la Ciudad tomó tres medidas clave para la gestión de la pandemia. «En primer lugar, el Operativo Detectar que es un pilar central en la búsqueda activa puerta a puerta de los contactos estrechos y el testeo inteligente. Así, logramos identificar casos de manera temprana, brindarles la atención médica que necesiten, resguardarlos y cortar la cadena de contagios».

El funcionario destaca el hecho de haber aislado a repatriados en hoteles,que luego fueron destinados a pacientes con síntomas leves. Y agrega: «En tercer lugar, el cuidado integral de los trabajadores de la salud con los testeos sistemáticos. Han sido fundamentales para evitar brotes de personas asintomáticas u oligosintomáticas».

La jefa del departamento de Epidemiología del hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, Ángela Gentile, el hecho de haber decretado una cuarentana precoz, el 20 de marzo pasado, fue vital para preparar un sistema de salud, que describe como «muy fragmentado». «No solo había que mejorar el sistema de camas y atención de pacientes, sino también de diagnóstico». Según la asesora del gobierno porteño, esto permitió descentralizar el Instituto Anlis-Malbrán, que se acompañó con la capacitación de una red de laboratorios en el país.»Poder tener nuestros propios test de diagnósticos y las terapias como plasma y suero equino hiperinmune nos permitieron prepararnos mejor y redunda en una tasa de letalidad relativamente baja, hasta el momento». «Si los casos hubiesen irrumpido, en forma abrupta el 20 de marzo, seguramente el sistema habría colapsado, porque no estábamos preparados para hacer frente a una pandemia».

El médico infectólogo y jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, Eduardo López, coincide con su colega en que la cuarentena precoz pemitió «hacer y conseguir los kits diagnósticos, porque no había cuando llegaron los primeros casos». El asesor presidencial también destaca: «La comunicación de esos primeros cuarenta días fue muy buena y efectiva. El testeo del personal de salud que se aplica en la ciudad es muy bueno. El plan Detectar, a nivel nacional, es la herramienta fundamental que se debería implementar en todo el país. En especial, en los lugares donde hay brotes intensos».

Pedro Cahn, infectólogo y titular de la Fundación Húesped, remarca: «La ventaja geográfica nos permitió tomar medidas tempranas que, al día de hoy, hicieron que tengamos una tasa de letalidad baja y más baja aún la de mortalidad si se mira, incluso a países de la región».

Errores

Al momento de reconocer algunos errores o medidas que se tomaron con retraso, aparecen matices y diferencias entre los expertos. Sin embargo, coinciden en que se debería haber comenzado a controlar con mayor anticipación a los argentinos que regresaban al país de zonas donde ya circulaba el virus.

«Hay dos momentos importantes a rever. Uno es ese primer mes y medio de ingreso de personas que trajeron el virus de afuera, si hubiésemos implementado medidas más duras de ingreso, control y aislamiento de esa gente que llegaba a través del Aeropuerto de Ezeiza, eso se hizo después, podríamos haber retrasado los casos y cortar cadenas de contagios. Con eso podríamos haber retrasado el proceso, anularlo es muy difícil», dijo Gollán el jueves pasado y agregó: «También podríamos haber actuado diferente cuando se produce el primer gran contagio en las villas porteñas».

Su par porteño coincide: «Toda nuestra concentración hoy está abocada en superar esta situación tan difícil con el menor dolor posible. Una vez que lo hayamos logrado, estaremos en condiciones de mirar hacia atrás y hacer una evaluación en profundidad de qué ha funcionado mejor y que no. Sin dudas la identificación precoz de los asintomáticos como mecanismo de dispersión viral y las necesidades de aislamiento temporal en las personas que retornaban al país son dos aspectos relevantes en este sentido».

Más que de errores, Gentile, alude a aprendizajes frente a un virus cuyo comportamiento aún no se conoce del todo. «Entendimos el rol de los asintomáticos en la transmisión. Si lo hubiésemos sabido de entrada, se habría hecho un mayor seguimiento de los viajeros que llegaban de zonas donde el virus circulaba. Incluso deberíamos haber lanzado el Detectar mucho antes.Lo mismo pasó con el barbijo, que a un principio no era obligatorio».

«Cuando yo decía que había que controlar mejor Ezeiza, ¿recuerda la reacción de algunos funcionarios nacionales?», dice López. y completa: «Es un virus que vino con el avión. Se debieron tomar medidas más intensas. Incluso con la cuarentena precoz de los viajeros hubiese sido muy útil. Se comenzó tarde a derivar a personas a hoteles. Se aplicó tardíamente el plan Detectar. El número de testeos también sigue siendo bajo en el país».

El especialista también remarca como una falla el poco registro por parte del Gobierno del ánimo social: «En las prórrogas de las cuarentenas no se analizó, ni se tuvo en cuenta el cansancio de la gente que llevó a incumplimientos. El factor social y la necesidad de la gente de salir a producir. También quedó en evidencia que las actividades al aire libre tienen muchísimo menos impacto que las reuniones sociales puertas adentro».

Algunos de los consultados señalan que los casos comenzarán a bajar en un período de dos a tres semanas, mientras que otros consideran que será el doble de tiempo. También se refirieron al desplazamiento del AMBA como epicentro de los contagios.

López declara que se acercan días muy duros. «Van a bajar los números en Buenos Aires, incluyendo el AMBA, pero vamos a tener tres semanas de muchos casos en el interior, que van a tener que hacer cuarentenas focalizadas y de corto tiempo. Máximo de 14 días».

«La situación actual es sumamente preocupante, por cómo vienen creciendo los casos. No parecen estar estabilizados. No crecen geométricamente, pero sí aritméticamente. Tenemos un sistema de salud que se ha mejorado notablemente, desde la infraestructura, pero no pudimos sumar en la misma media terapistas», dice Cahn. Y añade: «De acá a la vacuna, tenemos que hablar de seis meses, siendo optimista».

El especialista habla de dos tipos de actitudes que se pueden tomar: «Lo que nos tenemos que preguntar los argentinos es cómo queremos transcurrir estos seis meses. Preguntarnos cuál es el número de enfermos y de muertos que estamos dispuestos a tolerar. Acá entra en juego la conducta que tomemos cada uno de nosotros, más allá de la responsabilidad indelegable que tiene el Estado».

El médico llamó a que los ciudadanos sean responsables frente a la situación sanitaria: «La pregunta es saber qué hacemos cada uno de nosotros para reducir el impacto y mitigar el daño. Uno puede elegir ser un eslabón más en la cadena de transmisión o puede ser un escudo».